Una Pequeña historia de una gran vocación

¡Este quiere ser sacerdote! Decía mi mama cuando yo solo seis anos, porque
me veía jugar con mis hermanos a “la misita”. Recuerdo que este juego era
todo un evento porque preparábamos todo como si fuera a hacer una misa de
verdad. Poníamos una mesa en el centro que servia como altar, la cubríamos
con una sabana blanca como si fuera un mantel, usábamos un vaso como si
fuera un cáliz y unas galletas como hostias. En la parte de atrás,
colgábamos un viejo crucifico que adornábamos con flores que se las robamos
del jardín de mi mama. Cuando todo estaba listo, me ponía una camisa blanca
de mi papa que me llegaba asta los pies para simular un alba de verdad.
Listo el altar y listo el “padrecito” empezábamos el juego de “la misita”.
A mis hermanos les encantaba, participaban y les gustaba mucho verme allí
diciendo las oraciones que le memoria recitaba. Las amigas de mi mama que
sabían de mi, solían felicitarla porque decían que por fin iban a tener un
sacerdote en el pueblo. El tiempo pasó y yo fui creciendo y cambiando,
incluso de ideas. El juego de la misita quedo atrás con mi niñez, pero el
sentimiento de un día ser sacerdote, nunca me dejo. Como miembro de una
familia de once hijos, donde los mayores residían en el “norte” parte de mi
futuro era el mismo que ellos, emigrar hacia los Estados Unidos. Y así fue;
llegue a este país con solo 15 anos de edad, con muchos sueños como la
mayoría de los jóvenes emigrantes, pero por un sueno en particular, el de
poder ingresar algún día al seminario. Esto no ocurrió hasta después de
siete anos en los cuales tuve una vida que viví a lo máximo en este país.
Como emigrante trabaje en todo tipo de trabajos desde vendedor de paletas
hasta encargado de un departamentote producción.
Después de tener una vida normal como cualquier joven tuve la dicha de
integrarme a un grupo de jóvenes. Allí viví experiencias de retiros y conocí
mucha gente, entre ellos a un seminarista, el cual me hizo recordar los
sueños que tenia de algún día ser sacerdote. Después de trabajar por un ano
como dirigente del grupo juvenil al que pertenecía, decidí darme la
oportunidad de ingresar al seminario. Recuerdo que esta decisión no fue
fácil, me hacia dudar mucho, sobre todo si lo que iba a hacer valdría la
pena. Con todas las dudas del mundo ingrese al seminario sin nada de ingles,
solo siguiendo la llamada de Dios. El tiempo paso y parece que fue ayer que
cruce por primera vez la entrada del seminario pero ya han pasado nueve anos
y con la ayuda de Dios mi sueno se ha hecho realidad.
Fui ordenado el 20
de Mayo del 2006 en la Catedral del Santo Nombre en la ciudad de Chicago por
su eminencia Cardenal Francis George. Este evento sin duda fue el día mas
feliz de mi vida después de tanto tiempo el sueno del “chavito” de Santa se
hacia realidad. Cuando se postro en el suelo se acostó todavía sonando pero
cuando se levanto, se levanto ya no con el sueno si no con la realidad a la
que fue llamado a ser sacerdote de Dios para que en esta vez ya el juego de
la misita se convierta en la gran Eucaristía del Señor.
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